martes, 8 de septiembre de 2026

Somos aquello que valoramos !


Conferencia a cargo de Marta Parramon en la Asociación de Amigos de la India de Barcelona, Catalunya (España) 1988


La evolución de la conciencia es un hecho dentro de todos los reinos de la Naturaleza. Sin embargo en general, la creencia es que únicamente la desarrolla el reino humano, pero no es así, puesto que la Consciencia es Universal.

Al adentrarnos en la evolución humana, ya sea por propia experiencia o por el conocimiento adquirido, llegamos a un punto en que empezamos a hacernos preguntas fuera de lo normal. Al principio nos vendrán a la mente de manera esporádica y las dejaremos pasar sin indagar sobre su significado. Sin embargo, estas preguntas no habrán caído en saco roto, puesto que han quedado grabadas en nuestro inconsciente, al igual que una semilla enterrada en la tierra no se ve cuando está cubierta por el manto de tierra (el aspecto material), sin embargo está ahí adormecida aunque llena de vida, esperando ser despertada cuando las condiciones de la propia consciencia sean las adecuadas para romper la barrera que la oprime, hasta que al germinar empiece a crecer en sentido vertical buscando de la luz y se desarrolle plenamente en toda su belleza y esplendor.

¿Qué ocurre cuando nos hacemos una pregunta tan trascendente y significativa como esta,.. Quién soy Yo ?

Si yo no soy mis cuerpos, entonces,..quién soy?. A partir de aquí se precipitan en nuestra aura mental energías dévicas dispuestas a construir las formas de pensamiento superiores que les estamos proporcionando y con las cuales el Ángel Solar empezará a construir  el Antakarana, el Puente o Hilo de Luz que nos permitirá reencontrarnos.

La respuestas a preguntas como esta tan trascendentes siempre provienen del  interior, del Alma que somos en nuestra verdadera esencia, pero todavía prisionera de la forma, sin embargo estamos empezando a liberarnos. Habiendo dado el primer paso nos sentiremos impulsados cada vez de forma creciente a la búsqueda del conocimiento oculto, esperando recibir respuestas a las interminables preguntas que irán surgiendo a medida que alcancemos nuevas metas.

En un principio el conocimiento será puramente intelectual, quedando como una  memoria de lo aprendido, sin embargo, a medida que lo vayamos asimilando  impregnará nuestra consciencia de tal forma que ya no se tratará únicamente de lo concreto, sino que en nuestro interior algo estará cambiando, porque la comprensión de dichos conocimientos y el despertar que han producido en nuestro interior aflorarán a la superficie, cambiando sensiblemente la perspectiva y el concepto de lo que habíamos entendido hasta el momento sobre la espiritualidad.

A partir de aquí nuestra forma de ser y relacionarnos cambiará aun sin darnos cuenta al principio, porque empezaremos a expresarnos y a vivir como la verdadera Alma que somos en nuestra más profunda esencia.

Para el alma humana reconocerse a sí misma como Alma Divina en encarnación,  significa ser plenamente consciente del propósito por el cual ha encarnado, cuya misión consiste en redimir la materia de sus cuerpos, adquirir consciencia grupal y dedicar su servicio al despertar de las consciencias de la humanidad contribuyendo de esta forma a la evolución planetaria.

A este largo caminar en que la búsqueda es incansable lo denominamos, Sendero! al final del cual después de haber experimentado en distintas etapas evolutivas, habremos sintetizado todas las respuestas en Una, la cual nos revelará, no únicamente que somos una Alma  en encarnación, sino que provenimos de un Principio Divino Monádico y que al llegar a esta etapa estaremos en vísperas de retornar al Hogar del Padre, nuestro Verdadero Hogar, después de un larguísimo peregrinaje por este mundo.

Pero antes de llegar a la meta propuesta tendremos que dar los pasos preliminares para poder ser plenamente conscientes de la importancia que tienen para nuestra evolución las fuerzas elementales, que en sí mismas constituyen la materia de nuestros cuerpos. Ellos forman parte de nuestra existencia mientras evolucionamos dentro del reino humano y nuestra misión consiste en redimirlos con nuestra vibración superior hasta que alcancen su propia liberación dentro del reino angélico.

Una vez integrada la materia de los tres cuerpos que constituyen nuestra personalidad, no podemos quedarnos anclados, hay que ir más allá, si lo que queremos como Almas en encarnación es contribuir a llevar adelante el Plan que Los Maestros Conocen y Sirven por medio de los discípulos consagrados.

El primer paso a dar hacia el discipulado, consiste en el olvido de nosotros mismos, lo cual implica un cambio radical en nuestros valores. Pero para ello debemos conocernos muy bien, y sin temor a equivocarnos ser muy objetivos y honestos en nuestras valoraciones. Darnos cuenta de que nuestra forma de ser y de entender la vida viene condicionada por infinidad de generaciones de las cuales hemos heredado una serie de prejuicios sociales, educativos, religiosos, costumbres y tradiciones de toda índole que nos impiden ser nosotros mismos. En primer lugar, es necesario que nos conozcamos y nos aceptemos tal como somos, esta es la única manera de poder cambiar, si es que estamos dispuestos a hacerlo.

Una de las maneras más eficaces de conocernos consiste en hacer un recuento de los valores que cultivamos en nuestra vida, ya que estos son un reflejo de la propia conciencia, revelándonos aquello a lo que estamos más apegados y que condiciona nuestras vidas. Sea positivo o negativo.

¿Qué ocurre cuando nos apegamos a las creencias religiosas, filosóficas, educativas, políticas, al dinero o a las personas.? .. Ocurre que estamos deteniendo nuestro progeso evolutivo.

Toda la creación está en movimiento y transformación constantes, si no fuera así la evolución se detendría. Nada es estático y cuando nos resistimos a transformar estos valores a los cuales estamos tan apegados, es imposible no entrar en una crisis de conciencia. Incluso los valores que puedan parecernos más elevados, siempre tienen por delante su octava superior que nos señala la próxima meta a alcanzar, lo cual  nos impulsa a ascender en la escala evolutiva espiritual y al movimiento constante. Un objetivo, sea humano o divino jamás debería perderse de vista, porque precisamente es lo que nos hace avanzar y nos proporciona un sentido a la vida, acentuándose su atracción a medida que nos acercamos a él.

Los ojos de la conciencia se posan en lo que observa porque existe atracción y sea al nivel que sea donde la enfoquemos nos estamos proyectando en aquello que valoramos, lo observado viene a ser como un espejo que nos revela lo que somos. Cada una de las metas que conseguimos alcanzar forma parte de nosotros mismos, si no, nos pasaría desapercibida. La existencia dentro del reino humano nos conduce a una búsqueda incansable de nosotros mismos, intentando dar respuesta a las clásicas preguntas que todos nos hacemos llegados a cierta etapa evolutiva, generalmente en medio de grandes crisis; quién Soy? cuál es mi origen? y cuál mi destino?.

Todos podemos recibir las mismas respuestas frente a estos interrogantes, pero la interpretación que les demos a las mismas estará siempre de acuerdo a nuestros valores y a la capacidad de comprensión interna que hayamos alcanzado, porque,

! Los seres humanos en general, no vemos las cosas tal como son sino, tal como somos !.


Marta Parramon Elies.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Teosofía en la Nueva Era !