Conferencia a cargo de Marta Parramon Elies en la Asociación de Amigos de la India de Barcelona, Catalunya (España) 1996. Publicado en audio en el bloc,”La Teosofía en la Nueva Era” Subido al "Podcast de Marta Parramon"en iVOOX
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Observando la naturaleza humana (a nosotros incluidos) podemos ver que la búsqueda de la libertad es una constante desde que el raciocinio empieza a dar muestras de desarrollo.
En un principio de la evolución como humanidad, buscamos ser personalmente independientes, lo cual es una forma de libertad aunque muy limitada debido a la tradición cultural que impera en el país donde hemos nacido, así como a las obligaciones familiares y a las leyes impuestas por quienes mantienen el poder político, religioso, económico y social.
Más adelante y a medida que ampliamos la consciencia sentimos la necesidad de expresarnos y manifestar abiertamente nuestras ideas e ideales sobre lo que creemos que debe ser una vida más justa y libre de imposiciones, lo cual es compartido con grupos de seres humanos que al igual que nosotros también se resisten a ser dirigidos en contra de su voluntad y sus convicciones.
Vemos pues que en las primeras etapas evolutivas la búsqueda de la libertad es tan solo en lo externo y más personal. Sin embargo, esta actitud indica que la orientación del alma humana desde sus principios es hacia una libertad mucho más amplia y profunda y que aún sin saberlo, nos conduce a la liberación cuando rompemos con las ataduras que nos oprimen el alma y no nos permiten vivir de acuerdo a nuestros valores. Las ansias de libertad van en aumento a medida que evolucionamos, hasta que llega un día en que descubrimos que lo que hemos andado buscando desde siempre es la liberación. En realidad quien busca la liberación no es la personalidad, es el Alma, el Ángel solar, nuestro propio Ser interno del Cual formamos parte, el que un día muy lejano fue aprisionado en la materia con el fin de contribuir a liberar a las almas humanas de su ignorancia y esclavitud. Él es el verdadero Prometeo en quien nosotros nos convertiremos al liberarlo.
El proceso de liberación se va produciendo a medida que equilibramos los pares de opuestos, siendo este es el proceso más largo y costoso para el alma humana en evolución. El signo astrológico de la Balanza transmite equilibrio, pero también la oscilación y el desequilibrio en que nos movemos los seres humanos durante la mayor parte de nuestra existencia. La dualidad es inherente en este segundo universo siendo el método por medio del cual se adquiere consciencia, son Espíritu y Materia, “aparentemente” separados en el tiempo y en perpetuo conflicto. Sin embargo, la dualidad es la expresión de Una misma Entidad Cósmica que se separó a Sí misma en dos mitades para llevar a cabo la Creación de este Segundo Universo, manifestando en los niveles más densos dos extremos de Su propia Naturaleza divina. Bien y mal, luz y oscuridad, alegría y tristeza, día y noche, lo cual nos mantiene en lucha e indecisión constantes, para conducirnos finalmente a la Armonía y a la Paz que nace de un corazón abierto y compasivo de quien ha logrado situarse por encima de los opuestos.
Existe una frase proveniente de la Sabiduría Eterna muy conocida en esoterismo referente a esta cuestión,.. !Espíritu es Materia en su nivel más denso y Materia es Espíritu en su nivel más elevado!.
Simbólicamente cada platillo de la balanza sostiene, uno el bien y el otro el mal. Frente a este razonamiento lo primero que nos viene a la mente es practicar el bien para que el platillo de la balanza que contiene lo superior espiritual se decante y gane la partida. Esto es lo correcto, pero lo que no podemos hacer es renunciar a lo material por el solo hecho de saber que debe practicarse el bien, porque cuando nos reprimimos, o sea, que no hemos trascendido todavía ciertas tendencias personales, seguimos deseando lo que hemos dejado arrinconado.
Más adelante descubriremos que la represión viene a ser como una olla a presión y en un momento determinado cuando se precipite el karma en nuestras vidas, estallará, arrastrándonos con más intensidad hacia el fondo de lo que no hemos trascendido, y posiblemente nos cueste más recuperar el estado superior que habíamos alcanzado anteriormente. Lo importante, dentro de las posibilidades de cada cual es mantenernos en equilibrio. Cuando se han alcanzado etapas superiores de consciencia, van cambiando las prioridades y lo que ahora nos parece de suma importancia en nuestra vida personal quedará como algo secundario, porque su lugar habrá sido ocupado por nuevos y más elevados valores. Practicar el bien es la forma correcta y lo que nos permite trascender los apegos materiales, pero no podemos irnos a los extremos porque entonces crearemos un mayor desequilibrio, antes debemos redimir la materia (nuestras tendencias personales) y dar luz allí donde no la hay. No sirve de nada positivo reprimir o ignorar lo que debe ser vivido, comprendido y trascendido. Primero (hay que limpiar la casa y luego abrir las ventanas de par en par para dejar entrar la Luz). En esto quiero decir que no podemos ignorar y dejar al margen lo que corresponde al aspecto material de nuestras vidas, hay que ponerle atención y dar la correcta respuesta a cada instante, entonces los platillos de la balanza se equilibrarán por si solos porque nos habremos situado por encima de los opuestos. Así que, mientras nos movamos en la dualidad habrá conflicto. Cuando seamos objetivos e impersonales y nos libremos de la inestabilidad y oscilación constantes, surgirá a la superficie de nuestra consciencia algo trascendente. Ya no nos sentiremos arrastrados hacia un extremo u otro, porque ahora nos habremos situado en el centro de nosotros mismos, en el fiel de la balanza y nos habremos convertido en el triángulo equilátero perfecto, en cuya cúspide nos habremos situado como el Ser superior monádico que somos realmente. En el ángulo de la derecha estará representada el Alma y en el de la izquierda a la personalidad, sin embargo, fusionados como un Todo, lo cual revela que la dualidad ha sido transformada en Unidad.
Llegados hasta aquí nos preguntamos como podemos hallar la armonía y el equilibrio frente a las crisis mundiales y los cambios tan radicales que abarcan todo en esta etapa evolutiva que nos ha tocado vivir. La clave consiste en mantenernos en nuestro centro pase lo que pase en nuestras vidas y no resistirnos a los cambios que se irán sucediendo en el conjunto del planeta y por lo tanto en la vida de cada ser humano, de esta forma podremos mantenernos en perfecto equilibrio y ver con más claridad la respuesta correcta que debemos dar a cada instante. Para ello debemos estar sumamente atentos a lo que vaya viniendo, fuera y dentro de nosotros mismos.
Marta Parramon Elies
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